“Uno puede hacer lo que quiera, solo es una decisión”

22/02/2018 0

Benjamín Alfonso tiene el metabolismo acelerado. Tiene todo acelerado. No hay casi deporte que no haya probado y no es una manera de decir. Cuando habla usa la fórmula perfecta para que una idea quede fija: primero la explica en detalle y luego da un ejemplo. Así nadie se olvida de lo que dice, porque cuando agarra el concepto y luego le da forma con la anécdota, la llena de gestos, tonalidades y figuras, porque eso es lo que le imprime al relato: pasión. Sumále que tiene esos “ojos-color-de-mar-un-día-soleado”, y que cuando nombra el surf, “su locura”, se va metiendo en un océano discursivo que invita, irresistible, a la aventura.

Lo conocemos porque está en la tele, hizo publicidades, fue modelo, actúa en teatro y formó parte del grupo Fuerza Bruta, donde enfundado en un traje blanco corría como loco para no ir a ningún lado. “Ahí fue donde sentí que vivía esos 21 gramos”, cuenta a modo de ejemplo, “porque dicen que cuando uno muere el cuerpo pierde 21 gramos”. Y esta es la primera de las muchísimas alusiones que hará a películas (21 Gramos), porque el cine es otra de sus grandes inspiraciones: “genera imágenes que te llevan a un nivel de profundidad al que no sé cómo se llegaría de otra manera”.

También habla de Forrest Gump y de cómo todo es según la lupa con la que se lo mire. “Porque podés elegir ver que Forrest es un tipo que siempre quiso hacer el bien, corrió e inspiró a miles en su carrera, fue campeón mundial de ping-pong, héroe de guerra, conquistó a la mujer de sus sueños…”, y ese es el lado desde el que a él le gusta ver la vida. “Desde siempre soy así expansivo, necesito irme, conocer gente y culturas nuevas, enfermarme, sentir los anticuerpos desarrollándose, tener heridas, cicatrices, a mí eso me vuelve loco. Uno puede hacer lo que quiera, solo es una decisión”.

Pura Vida es lo que transmite con estas palabras, y es que así la vive, también de acuerdo al lema que se vibra en Costa Rica, país en el que comenzó a surfear, pero donde al principio no le salió y se frustró, tanto que vendió la tabla. Pero con los años volvió, siguió probando, hasta que lo logró y “cuando pude tener ese gusto y sentirlo, estar parado arriba de la ola en medio de la naturaleza, dije: es esto. Y como cuando algo es para vos podés mirar para otro lado, pero te lo terminan tirando en la cara… no hay muchas opciones.” El verano siguiente ya viajó a Hawaii y se quedó 3 meses. Desde entonces anduvo por Australia, Nueva Zelanda, Perú, y en el país va mucho a Chapadmalal, porque necesita tanto la naturaleza como el aire que respira.

¿Cuándo conectaste con tu cuerpo de manera consciente?

Fuerza Bruta fue un click, yo tenía casi 30 y éramos cinco mil en el casting, competía contra chicos desde 18 años, toda gente de circo, dedicados a su cuerpo. Y yo estaba, dudoso, con el longboard bajo el brazo, pero cuando quedé fue increíble. Ahí el cuerpo empezó a sentir como nunca, me dolían desde las uñas de los pies hasta el pelo. Después de entrenar 8 horas tomaba clases particulares de murga, me acuerdo que en esa época además trabajaba en una tira. Y coincidió con que estaba restaurando mi departamento, así que éramos cuatro trabajando full, codo a codo. Lo recuerdo como un momento de la vida en el que no había tiempo para pensar o meditar, había que accionar.

¿No tenés límites?

Un gran amigo me enseñó que al cuerpo y a la mente no les exigimos tanto y que siempre se puede llegar a muchísimo más, y eso lo empecé a proyectar en todo. A la hora de surfear pero también la hora de llegar a diferentes niveles artísticos. Cuando veía en clase a un chico hacer algo que yo todavía no me había animado a hacer decía, “si él puede hacerlo, yo también”. Eso y el hecho de ser muy consciente de mis herramientas. Tomé la primera clase de actuación a los 22 años, pero siento que siempre fui actor, me adaptaba a las situaciones. Siempre fui medio como el agua. Me comía papeles, cuando hacía de modelo me creía que era un modelo. Pero yo en el fondo sabía que no, porque si me hubiera gustado, me hubiera ido a Europa a seguir la carrera. Y cuando arranqué con la actuación, sentí que tenía que dejar todo un poco de lado. Más allá de que no podía dejar la carrera, porque soy diseñador industrial, pero por ejemplo ya necesitaba irme a vivir solo para manejar mis tiempos. Era darle todos los días a la misma piedra, en el mismo lugar: “yo quiero esto”. En el momento en el que te distraés pegándole a otras piedras, la energía se disipa y perdés cierta efectividad. 

¿Cuándo empezaste a trabajar?

Desde los 4 años vendiendo por el barrio perfumitos que me daba mi abuela. No sé para qué, creo que lo ahorraba. Pero en lo de la actuación encontré mucha gente (como en las películas que hablan de Hollywood y de todos los que quedan en el camino), actores brillantes que no llegaban a trascender porque tenían puesta la energía en otro lado, lo tomaban como hobby o habían perdido esperanzas. Sin embargo, a mí lo que siempre me mantenía a flote eran mis ganas y mi convicción de que sabía lo que quería hacer. Era una decisión que yo ya había tomado y nadie se podía poner en el medio. Will Smith protagoniza “En busca de la felicidad”, una peli en la que hay un diálogo con su hijo, que le dice que quiere ser basquetbolista y él, que viene de pasarla mal (en una especie de lucha que siento una metáfora de mi vida porque para mí todo se trató de una constante autosuperación), le dice al hijo que tiene que estudiar y que no puede ser basquetbolista, pero cuando termina de decirlo, piensa y le dice: “que nunca nadie te diga que no podés hacer algo, ni siquiera yo que soy tu papá”. No se trata solo de soñar con algo, hay que transpirarlo; una decisión no es solo mental sino que es accional; tu accionar tiene que estar de acuerdo con tu deseo, y lo más interesante que va a pasar es todo lo que suceda en el medio hasta que lo consigas, eso es la vida.

“Cuando tengo una decisión tomada, nadie se puede interponer para que lo consiga”.

¿Cómo te cuidás o preparás el cuerpo?

Para mí en la alimentación uno manifiesta las ganas que tiene de vivir, y cuando uno tiene hambre es porque se quiere comer la vida, después hay que ver de qué se alimenta, si uno castiga al cuerpo o si realmente lo nutre. Es info que tarde o temprano te llega, que se la deja de lado o se la adopta. Yo soy muy consciente de lo que me pide mi cuerpo, si le doy comida rápida, me mata, me siento mal, me dice: “esto no es comida, si vos querés hacerlo, hacélo, pero no”. Y tenemos este diálogo…

¿Cuál es tu entrenamiento actual y cómo viene siendo mover para vos?

Ahora estoy haciendo funcional, pero en los momentos de Fuerza Bruta ese era el entrenamiento. En su momento hice natación, también boxeo muchos años con Sergio Victor Palma, un gran maestro. Pero por lo general, como soy muy observador, todo lo aprendí mirando: a surfear, andar en snowboard, en longboard, muy autodidacta lo mío. Tal vez tardaba un poco más de tiempo pero para mí tiene un valor impresionante porque todas estas decisiones las tomé yo. Por ejemplo, como tengo un estilo muy raro en snowboard, la gente me pregunta si surfeo porque pareciera que estoy haciendo eso pero en la nieve. También jugué al rugby tres años en el SIC y me fui de gira a Sudáfrica, amo ese deporte, el equipo te cuida, te acompaña, es una sensación de nobleza, como samurái. Tengo un equipo de fútbol con el que salimos campeones y con los años pasé por el golf, tenis, paddle… creo lo único que me falta en tierra es el fútbol americano. Porque tengo planes de conquistar el aire y hacer paracaidismo.

“No se trata solo de soñar algo, hay que transpirarlo”

¿Y que es ese desafío constante, permanente, todo el tiempo?

Ay sí!  A veces me canso hasta de mí mismo y me digo que necesito hacer la plancha en algún momento, porque si no, hay algo del cuerpo en constante tensión. Yo estoy siempre disponible, me llamás para jugar al fútbol, me acomodo y voy. Me encanta todo lo que sea improvisado, no me gusta una vida dictaminada, eso me mueve mucho. Creo que también es por el estilo de vida que llevo, me es imprescindible el contacto con la naturaleza, por ejemplo. Y si bien tengo desafíos creo que tienen una integridad, un valor, no quiero ser millonario, tener una Lamborghini o sueños de poder, no. Yo quiero jugar, surfear o conocer tal país, entonces lo armo, ejecuto y hago.

¿Nunca tenés excusas para nada?

No me gusta la justificación, me parece infantil. Creo muy importante bancarse el camino: con los éxitos y los fracasos. Con el mismo abrazo, como si fuera un amigo; cuando un amigo logra lo que desea o cuando fracasa, queremos lo mejor para nuestro amigo. Nos tenemos que amar como a un amigo, o más bien te diría como a un hijo, que es como abrazar ese niño interior que es el que nos marca qué es lo que queremos. Estar en sincronía con los deseos ingenuos de ese niño, antes de entrar al sistema, a un yo social donde hay que hacer cosas “para encajar en sociedad”. A mí me encanta el replanteo y volver a elegir, vivir mi vida con más consciencia. Tengo muy presente la frase “hecho es mejor que perfecto”, porque está bien querer ser el mejor actor del mundo pero, primero conformate con estar actuando, con que algo se esté materializando, tal vez eso después te lleva a lo otro pero ya tenés el primer paso conquistado. Creo que todo el mundo puede lograr lo que quiera, solo tiene que darle todos los días a la misma piedra, en el mismo lugar, así el mar rompe piedras, el viento rompe piedras, y así se creó el mundo. Un paso a la vez pero hay que tener ganas, convicción, energía y decisión.

Por Sylvina Beleniski

Sos Fuerza · 2017