Tenemos que seguir lo que nos hace felices, escuchar dónde nos sentimos vivos para ir en esa dirección

03/08/2018 0

Amara quiere decir Amor al Océano, el nombre que inventó su padre, abogado de origen italiano, quien llamó a su hija según alguna mezcla de conceptos y palabras legado de sus ancestros.

Y claro, hace 11 años vive en Hawaii, donde nada casi todas las mañanas que puede, camina por la playa y se inspira en la naturaleza para hacer lo único a lo que se dedicó toda la vida: danzar.

“Azul es una práctica de danza consciente que utiliza el movimiento del cuerpo como camino de transformación personal, para despertar el amor”. Y esto es lo que hace cada año durante meses, cuando viaja por Europa (Austria, Italia, Alemania, Rumania, Suiza) y América (Argentina, Brasil y Estados Unidos) ofreciendo workshops, seminarios, retiros e incluso la formación para maestros de Azul.

Desde niña, cuando vivía en los suburbios de Philadelphia, ya bailaba y a los 10 años viajaba sola en autobús y tren para llegar a la ciudad donde había “clases de las buenas”. Por eso cuando llegó a la adolescencia decidió que iría a la escuela de Artes Escénicas donde logró ingresar, pero sus padres no la apoyaron, argumentando que seguramente no tendría suficiente matemáticas y ciencias duras y, cuenta entre risas “creían que jamás podría vivir y sustentarme con la danza”; pero también recuerda que eso fue tan devastador en ese momento que dejó de hacer lo que más amaba durante 3 años.

Volvió al camino de la danza a través de la versión del movimiento como arte curativo. Ahí conoció a quien sería su maestra y mentora durante 20 años: Gabrielle Roth, la creadora de la danza de los 5 Ritmos. Este tipo de práctica es una meditación en movimiento, que puede hacer cualquier persona, sin importar su edad o si sabe o no bailar. Es un ejercicio sencillo en el que se danzan los diferentes estados por los que transita el cuerpo y las emociones.

“Realmente me enamoré de ese trabajo, lo había encontrado, dije: este es mi camino, es una síntesis de todo lo que amo: la danza, el movimiento, la espiritualidad y sentir el empoderamiento y el estar en nuestra verdad y ser, y luego experimentar la libertad en nuestras vidas”.

Entonces se fue de viaje por Europa y terminó pasando un tiempo en Escocia, en un lugar llamado Findhorn donde hay una reconocida comunidad espiritual. Al volver a Estados Unidos quedó embarazada, así que en ese momento, volvió a sumergirse en el baile pero con grupos de mujeres que se reunían semanalmente. Luego fue madre con total dedicación durante 5 años.

En ese momento tuvo un accidente de auto grave y fue una especie de llamada de atención para volver a darle importancia a lo que estaba sucediendo en su vida familiar, pero también lo que estaba sucediendo dentro suyo. Unos 6 meses después, hizo un nuevo taller de danza y ahí volvió a sentir la pasión.

Regresó a su maestra y a sentir que necesitaba crear un espacio donde bailar, así que comenzó a ofrecer clases semanales, algo que comenzó siendo pequeño, pero que rápidamente congregó a mucha gente. Mientras tanto seguía su formación en 5 Ritmos y dando clases full time. “Todo lo que hecho en la vida fue enseñar movimiento. Algunas personas encuentran su pasión haciendo varias cosas y para mí fue realmente una, muy clara desde el principio. He llegado a un lugar donde estoy usando el movimiento como una práctica espiritual, como arte de sanación. Tiene un sabor muy diferente guiar a la gente para que tenga su propio movimiento y un encuentro más profundo con ellos mismos interna y externamente.”

¿Cómo te cuidas viajando por el mundo, sin rutina de horarios ni lugares?

Honestamente, una de las cosas principales que hago para cuidarme es una práctica diaria de silencio. Es muy importante en mi trabajo, porque es una práctica física y uso mucho mi cuerpo, pero el trabajo que hago también exige que esté en mi propio viaje evolutivo, creciendo y madurando, practicando los valores de honestidad, auto responsabilidad, gentileza, dedicación, servicio y belleza, que estoy comprometida con eso. Y hago todo lo posible por escuchar lo que mi cuerpo necesita y dárselo: cuido mis pies… mi espalda, porque doy muchísimo en mi trabajo y tengo un compromiso conmigo misma: permitirme recibir y nutrirme.

Y parte de eso es crear también en mi agenda tiempo para mi pareja, mi relación y las otras áreas de mi vida, porque mi trabajo es muy completo y muy rico y realmente puede consumir todo, es una opción para mí honrar las piezas que me hacen todo una persona.

¿Cómo lo hacés?

No tengo la posibilidad de hacer una hora de silencio todos los días, porque por ejemplo, en un entrenamiento de 15 días, todo mi ser está ocupando esa experiencia, así que tengo que darme permiso y ver que ya es suficiente práctica espiritual, en ese momento, sostener el espacio. Y, por otro lado, sé que cuando termine, volveré a hacer mi sesión de meditación y estiramiento y atenderé mi cuerpo por la mañana, pero tengo que permitirme entrar y salir de ese patrón. No me es posible sostenerlo, ni tener la expectativa de que será todos los días así, porque sería incapaz de cumplir con eso y luego sentiría como si no hubiera logrado algo. Creo que a la hora de fijar nuestras prácticas tenemos que convertirlas en algo con lo que realmente podamos comprometernos y en lo que realmente tendremos éxito, porque el éxito en algo es lo que ayuda a construir la fortaleza que nos permite dar el siguiente paso.

¿Cómo es tu alimentación?

La comida es una gran parte de lo que me mantiene centrada en mí misma. Incluso con la comida tengo que ser flexible porque cuando viajás no es posible comer como en casa, donde tengo semanas en las que me permito una especie de limpieza, reinicio mi sistema y vuelvo a comer una dieta libre de lectina, azúcar y vino. Y cuando viajo, a veces tomo una copa de vino con la comida porque lo disfruto, y como un poco de queso, o consumo un poco de azúcar, pero con moderación; trato de mantenerlo con moderación e incluso eso no es posible al cien por cien todo el tiempo. Tengo que ser generosa conmigo con este tema, pero es muy importante sintonizar con la comida, yo como verduras y no como carne, solo como un poco de pescado a veces, porque puedo sentir que necesito algo de proteína, o en algún lugar donde es la única opción y lo permito. Cuando estuve embarazada sí comía un poco de carne, pero creo que he sido vegetariana la mayor parte de mi vida. Mi cuerpo está mejor sin carne, pero pienso que los diferentes cuerpos tienen diferentes necesidades.

¿Hacés algún otro deporte?

 Me encanta hacer snowboard, y me encantan las montañas; lo hago desde que era joven porque viví en Colorado, así que mis hijos también crecieron haciendo snowboard. Practico yoga y cuando estaba recuperando mi cuerpo después de tener a mis hijos, fui al gimnasio. Lo disfruté y de hecho, encontré una experiencia bastante espiritual. Por un período de tiempo ayudó a fortalecer algo en mí que era importante en ese momento, así que también honro a los gimnasios.

Amara Pagano estará Buenos Aires en octubre de este año. Más información:

http://pathofazul.com/18-puertas-al-amor/

 

Por Sylvina Beleniski

 

“We have to follow what makes us happy, listen to where we feel alive so we can move in that direction, towards what makes us feel good”

Amara means Love for the Ocean, the name her father invented, a lawyer of Italian origin, who named his daughter according to some mixture of concepts and words inherited from his ancestors.

And of course, she’s been living in Hawaii for 11 years, where she swims almost every morning she can, walks on the beach and is inspired by nature to do the only thing she has dedicated her whole life to: dancing.

“Azul is a conscious dance practice that uses the movement of the body as a path of personal transformation, to awaken love.” And this is what she does every year for months at a time, when she travels through Europe (Austria, Italy, Germany, Romania, and Switzerland) and America (Argentina, Brazil and the United States) offering workshops, seminars, retreats and even trainings for teachers of Azul.

From the time she was a little girl, when lived in the suburbs of Philadelphia, she was already dancing. When she was 10 years old, she travelled alone by bus and train to get to the city where there were “the good classes”. That’s why when she reached adolescence she decided that she would go to the Performing Arts School,  where she was able to get in, but her parents did not support her, arguing that there probably wouldn’t be enough math and hard sciences. She laughs, “they believed that I could never live and support myself with dance,” but also remembers that it was so devastating at that time that for 3 years she stopped doing what she most loved.

She returned to the path of dance through the version of movement as a healing art. There she met the woman who would be her teacher and mentor for 20 years: Gabrielle Roth, the creator of 5 Rhythms. This type of practice is a meditation in motion, which can be done by anyone, regardless of age or whether or not they know how to dance. It is a simple exercise in which people dance the different states that the body and emotions go through.

“I really fell in love with that work, I had found it.  I said, ‘this is my path,’ It is a synthesis of everything I love: dance, movement, spirituality and feeling empowerment and being in our truth and in our being, and then experiencing freedom in our lives.”

Then she went on a trip to Europe and ended up spending time in Scotland, in a place called Findhorn where there is a well-known spiritual community. When she returned to the United States, she became pregnant, so at that time she went back to immersing herself in dance, but with groups of women who met weekly. Then for 5 years she completely dedicated herself to being a mother.

At that time she had a serious car accident, and it was a kind of wake-up call to pay attention to what was happening in her family life, but also what was happening inside of her. About 6 months later, she organized a new dance workshop and there she felt the passion back again.

She returned to her teacher and felt that she needed to create a space to dance, so she started offering weekly classes, something that started as a small group, but quickly brought many people together. Meanwhile, she continued her training in 5 Rhythms and teaching full time. “Everything I have done in my life has been teaching movement. Some people find their passion doing several things and for me it was really one thing, very clear from the beginning. I have come to a place where I am using movement as a spiritual practice, as a healing art. It has a very different flavor guiding people so they can find their own movement and a deeper encounter with themselves internally and externally. “

How do you take care of yourself traveling around the world, without the routine of schedules or places?

Honestly, one of the main things I do to take care of myself is a daily practice of silence. It is very important in my work, because it is a physical practice and I use my body a lot, but the work I do also requires that I be on my own evolutionary journey, growing and maturing, practicing the values ​​of honesty, personal responsibility, kindness, dedication, service and beauty, I’m committed to that. And I do everything possible to listen to what my body needs and give it to it: I take care of my feet, my back, because I give a lot in my work and I have a commitment with myself: to allow myself to receive and nourish myself.

How do you do it?

I do not have the possibility of doing an hour of silence every day, because for example, in a 15-day training, my whole being is occupying that experience, so I have to give myself permission and see that it is enough spiritual practice, in that moment, to hold space. And on the other hand, I know that when I finish I will do my meditation and stretching session and attend to my body in the mornings, but I have to allow myself to enter and leave that pattern. I cannot sustain it, nor have the expectation that every day it will be like that, because I would be unable to fulfill that and then I would feel as if I had not achieved something. I believe that when setting our practices we have to turn them into something that we can really commit ourselves to and that we will really succeed in, because success in something is what helps to build the strength that allows us to take the next step.

How is your diet?

Food is a big part of what keeps me focused on myself. Even with food I have to be flexible because when you travel it is not possible to eat like at home, where I have weeks in which I allow myself a kind of cleansing, restart my system and return to eat a diet free of dairy, sugar and wine. And when I travel, sometimes I have a glass of wine with food because I enjoy it, and eat a bit of cheese, or I have a little sugar, but in moderation. I try to keep it in moderation, and even that is not possible one hundred percent of the time. I have to be generous with this topic, but it is very important to tune into the food, I eat vegetables and I do not eat meat, just a little fish sometimes, because I can feel that I need some protein, or somewhere where it is the only option and I allow it. When I was pregnant I ate some meat, but I think I’ve been a vegetarian for most of my life. My body is better without meat, but I think that different bodies have different needs.

Do you do any other sports?

I love snowboarding, and I love the mountains. I’ve done it since I was young because I lived in Colorado, so my children also grew up snowboarding. I practice yoga, and when my body was recovering after having my children I went to the gym. I enjoyed it, and in fact, I found it a quite spiritual experience. For a period of time it helped to strengthen something in me that was important at that time, so I also honor gyms.

Amara Pagano will be Buenos Aires in October of this year. More information: http://pathofazul.com/18-puertas-al-amor/

By Sylvina Beleniski

Sos Fuerza · 2017