“Para diferir un placer inmediato hay que saber cuál es la recompensa después del esfuerzo”

26/03/2018 0

Diego Sivori es nutricionista pero no cree en el peso ideal, restricciones alimentarias o planes de ingesta estandarizados. Sostiene que debemos comer “de todo”, y aunque eso pareciera lo contrario a lo que dice su título de la Universidad de Buenos Aires (UBA), lo que plantea tiene lógica. Toda la lógica.

En su día a día predica con el ejemplo. Se levanta a las 6 de la mañana, toma un licuado de frutas y sale para su trabajo en la UADE (Universidad Argentina de la Empresa), pero antes pasa por el gimnasio y tres veces por semana “mete” rutina de gimnasio. Después se baña, y desayuna. ¿Qué? La rebanada de pan, fruta y frutos secos que sistemáticamente carga en su mochila. Entonces está claro que cuando se quiere se puede y que todo tiene que ver con la organización, el pilar de sus enseñanzas y el fruto del éxito en el cuidado del cuerpo, la mente y el espíritu.

Empezó a trabajar en la tele en 2010, en el programa “Cuestión de Peso”, donde de forma muy didáctica explicaba temas de alimentación y salud. Aún hoy lo sigue haciendo cada mediodía pero en el programa “Cocineros Argentinos”. También escribió el libro Nutrición (de)mente en el que, junto a un ingeniero industrial, cuenta los procesos neuronales que nos llevan a tener ciertas actitudes hacia la comida, entre otras cosas.

Tiene claro que su finalidad es trascender, dejar una huella, algo que haga bien a la humanidad. “En base a ese propósito, tenemos la motivación, lo que nos hace decir: ¿para qué hago esto? Y al perseguir lo que deseamos hay muchas cosas que influyen en cómo es el camino”. La herramienta (nada secreta y que no se vende en el kiosco) es la concentración y el foco.

¿Con la organización se nace, o se hace?

Hay algo que está marcado en uno y eso tiene que ver pero, el poder de concentración, de enfocarse en lo que uno quiere, está íntimamente relacionado con el propósito. Porque si tu objetivo realmente es fuerte, creo que la concentración viene. No irse de lo que uno persigue, eso es importante, porque si uno se levanta todos los días y va para un lado, para el otro, para allá, para acá, después lógicamente pierde fuerza. Yo soy una persona bastante enfocada en ese sentido, me pongo una meta y soy bien claro y, en base a eso voy a ir armando objetivos. Puedo tener 20 personas hablando alrededor, a mi hija jugando y cantando cerca y no me desconcentro para nada. Y claro, pegado a eso viene la organización. Ahí tiene que ver mucho cómo te fuiste criando, porque la organización de actividades ayuda a alcanzar objetivos. Por ejemplo yo desde chico siempre fui un animal matutino, de noche solo jugar al rugby (en GEBA), iba a entrenar, llegaba, comía con la familia, pero para mí la mañana siempre fue todo. Para estudiar me levantaba a las 4 seguía hasta las 7, me tiraba una hora a dormir y arrancaba el día después.

¿A vos no te dan ganas de comerte una pizza entera?

El beneficio de haberme ligado desde pequeño a un deporte de equipo como el rugby (el regalo de ser hijo y nieto de jugadores) es algo que por ahí no muchos encuentran: la alegría y placer del trabajo en equipo, de la constancia del esfuerzo, que asocio mucho con la comida. Para poder diferir un placer inmediato hay saber cuál es el placer que llega después del esfuerzo. Porque si sos constante y trabajas en equipo, encontrás un beneficio que es mejor que hacerlo solo, mejor que esa recompensa inmediata, el corto plazo y el atajo. Por ejemplo yo al mediodía ya trabajé, fui al gimnasio, cumplí con las actividades, y todo va concatenado, porque si no me siento bien físicamente, me baja la energía y si me baja la energía, no tengo ganas de hacer otras cosas. El bienestar físico está muy ligado con el bienestar mental. Si vos estás bien físicamente tenés la energía para hacer tus actividades del día, y si hacés tus actividades del día te motivás porque cumpliste tus objetivos, y sí cumpliste tus objetivos te realizas como persona, así que todo está pegado.

¿Cómo aparece el interés por la comida en tu vida?

Fui al colegio secundario del Club Atlético Vélez Sarsfield que tiene orientación en recreación y deporte y teníamos la materia de nutrición. Me interesó ver cómo algo tan cotidiano, como comer, puede intervenir en nuestro desempeño. Por eso seguí la carrera y la empecé a asociar con el deporte, así encontré una salida laboral, porque apenas me recibí comencé a trabajar con deportistas. Hoy me sigo capacitando todos los días porque, trabajando en la tele y en la universidad, todos los días siempre estoy leyendo algo nuevo.

¿Cómo ayudás a alguien para entrar en estado de movimiento?

Está comprobado que encarar cualquier trabajo desde un aporte solo nutricional es carente, por eso siempre trabajo en equipo. Porque si una persona tiene un comer emocional fuerte, en el que están vinculadas todas las emociones con su plan de alimentación: y de repente por un shock o golpe emocional, cambió todas sus ingestas, hay que encararlo desde el lado terapéutico. Hay que trabajar con psicólogos, psicoterapeutas, profesores de actividad física, médicos, endocrinólogos y en base a la característica del paciente se verá qué parte del equipo tiene que acompañar un poco más. Porque con la alimentación se pueden ir tapando baches, pero mientras no se trabaje la ansiedad a nivel terapéutico, incluso con ejercicios bien conductuales sobre cómo en el momento que tengo ansiedad no descargar comiendo, el nutricionista puede hacer poco ahí.

El propósito de la vida es lo que te da la motivación y la energía para levantarte.

¿Vos qué hacés cuando estás ansioso?

Para mí la actividad física es un cable a tierra, cuando veo que estoy un poco desbordado me hago espacio y me voy al gimnasio. Mi manera de formatear el cuerpo es sentirme bien, empezar por el físico; viste que uno empieza por algo y después se va cambiando la energía interna, porque otras cosas uno a veces no las puede cambiar. El tema es cuánto se carga uno de actividades para dejarse después el tiempo de ocio para disfrutar también, la razón la que estás haciendo las cosas. Igual, por lo general una o dos veces por semana, hago trabajo aeróbico. Para mí la mejor oficina es la calle, ir a trotar, me relaja la mente, se me ocurren ideas; ahí es donde más tira el libre pensamiento. Cuando tengo las horas de trabajo estructuradas focalizo el pensamiento hacia donde quiero, lo voy llevando, pero cuando voy a correr, por lo general, es cuando dejo volar la imaginación y ahí empiezan a surgir cosas nuevas (y después las anotó rápido en un papel porque si no se van).

¿Cómo criás a tu hija en la alimentación?

De chica hice todo lo que sé que hay que hacer con los niños: estimularlos a que tengan acceso a buenos alimentos, nunca obligarla o presionarla pero sí que tenga la posibilidad de elegir, por eso al año ya comía palta, choclo y probaba un montón de cosas. Ahora que va entendiendo un poco más y va conociendo de alimentos… me pone a prueba y me desafía. Entonces por un lado tengo la “charla” entre el padre y el nutricionista, porque por un lado sé que no hay que presionar, que no hay que decir “comé o…”, que no hay que amenazar con la comida, ni decir “si no comes entonces no vas a tal lado”, porque eso genera una resistencia y el niño termina detestando ese alimento. Tampoco hay que premiar con cosas dulces porque si no toma más deseo por lo dulce. Pero todas las cosas que propongo como nutricionista, como padre a veces me cuesta sostenerlas porque en el día a día tampoco es fácil, entonces ahí me doy cuenta de qué grado de dificultad tienen los consejos que doy. Está bueno ser padre, me bajó a la realidad en muchos aspectos y uno importante es sobre la nutrición infantil, me ayudó mucho.

Decís que para no perder la batalla contra los alimentos procesados hay que tener una alimentación placentera, saludable y divertida. ¿Cómo son tus días para no caer en la rutina, que en esta analogía sería el pollo con calabaza?

Después del gimnasio o actividad física, voy a la UADE, luego al programa de tele, que es lo único fijo, y después voy cambiando. Una o dos tardes, vuelvo a casa así estoy con mi hija y mi familia; los lunes estoy en otro programa de televisión; también trabajo con equipos de rugby entonces voy al club, pero ya después del almuerzo me dejo las cosas más tranquilas y no me pongo reuniones de trabajo. Otros días tengo seminario en la UBA (es coordinador académico del Voluntariado de Nutrición donde capacita a profesionales para realizar trabajos sociales.). Dos veces por semana atiendo mi consultorio personal y siempre meriendo para llegar más tranquilo a la noche, como en familia temprano porque a las 23 me gusta estar durmiendo. Procuro hacer actividades diferentes. Me di cuenta que a mí me gusta ir rotando las cosas todo el tiempo, salir, cambiar de aire, hacer alguna actividad de calle, tengo esa suerte. Y la construyo día a día.

 

Por Sylvina Beleniski

Sos Fuerza · 2017