“No es lo que te duele cuando lo hacés, es lo que te dolería no haberlo hecho”

23/04/2018 0

Si fuera un edificio, Álvaro García Resta sería uno de cimientos profundos, bases fuertes y construido con acero, cemento y terminado con diseño. Es prolijo y compacto. A sus casi 40, tiene dos hijos y una María que lo auxilia y sostiene en la empresa diaria que implica ser triatleta.

Hasta que una tercera operación de ligamentos cruzados en la rodilla lo dejó fuera de una cancha de rugby, y aún sin antecedentes en la práctica, pensó que correr la maratón de Nueva York sería un interesante desafío y quiso compartirlo con su padre, también deportista. Por eso, en septiembre de 2008 decidieron encontrarse para el primer entrenamiento, con la fatalidad de que un paro cardíaco causó la muerte súbita de su padre de solo 56 años.

A dos meses de casarse, lo recuerda como un momento muy duro y que lo mantuvo alejado de todo casi un año: “salía a correr y me ahogaba”. Pero un día se despertó y decidió que iba a continuar aquel proyecto conjunto. Corrió su primera maratón en 2010 “y yo siempre digo que lo hicimos juntos, porque cuando te faltan piernas, ya no tenés casi cabeza para seguir, ahí aparece la fuerza que viene de otro lado; sin eso creo que hubiera sido muy difícil y ese empujón final fue fundamental. Un hecho como ese reformula todo en tu vida, tus valores, tu forma de ver las cosas, no solo el deporte sino para qué hacés lo que haces. Y en ese momento correr me ayudó a mantener el foco, airear la cabeza, estar más conectado conmigo y con mi viejo. Ahí me di cuenta que no lo hacía para reemplazar otro deporte, sino que es una disciplina y que no se trata de solamente llegar sino el objetivo por el que lo hacés. Creo que eso es lo que lo hace sostenible en el tiempo”.

¿Cómo fue el salto de la maratón al triatlón?

Me dije además de correr qué. Ya llevo 7 maratones corridas y en 2012 corrí mi primer medio Ironman. Aprendí a nadar y a andar en bicicleta de nuevo, porque uno cree que sabe pero te das cuenta que no. Me entrené muy a conciencia, en parte con el equipo de natación de la Universidad de Palermo donde también doy clases hace 10 años, me compré una bicicleta de triatlón e incurrí en todos los aprendizajes necesarios. Al día de hoy llevo corridos 9 medio Ironman y en el 2013 corrí el Ironman Full.

¿Cómo es tu entrenamiento?

Trabajo como Subsecretario de Proyectos Urbanos en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y es una tarea demandante, con lo cual hace un tiempo implementé ir corriendo a la oficina tres veces por semana. Vivo exactamente a 10.2 km así que además comienzo el día diferente. Nado mínimo dos veces por semana. Los fines de semana hago distancias más largas en bici y durante la semana recurro a pedalear en casa, cuando los chicos se duermen. Por lo general entreno 6 veces por semana y un día descanso, mi estructura más común de entrenamiento es 2 días correr, 2 días bici y 2 días nadar y cuando puedo y el tiempo me lo permite, hago doble turno. Yo creo que el desafío del hombre moderno es el del uso eficiente del tiempo, estamos todos muy conectados y muy demandados con lo cual encontrar esos lugares donde uno le saca tiempo a lo poco importante que es moverse, es decir, si no lo puedo usar para otra cosa, me parece que es ideal.

Tanto tiempo solo haciendo tanto con el cuerpo. ¿Cómo lo vivís?

Siempre el último tramo de una carrera es un momento de conexión, de homenajear esa posible carrera juntos que se truncó. Es como un momento más con mi padre. Y disfruto la sensación de todo lo que pasa. Cuando de alguna forma estás lo suficientemente entrenado como para que salir a correr o entrenar no sea un sufrimiento físico, tu cabeza puede permitirse pensar en otra cosa que no sean tus piernas y tu cansancio; cuando logras llegar a ese estado yo lo comparo con la meditación. Es decir yo entro en un estado de libertad que no alcanzo en ningún momento de concentración por fuera de eso, lo necesito.

¿No caes en la tentación de quedarte durmiendo?

No siempre uno puede respetar los volúmenes, distancias y horarios de entrenamiento, porque primero está la familia, y sin ellos no hay escape posible. La obsesión y el fanatismo que genera el deporte atenta contra lo más importante que tenemos, la familia. Es por eso que encontrar los límites y saber decir que no, es tan importante como levantarse a entrenar. Al inicio hay un nivel de fanatismo importante pero una vez que cumpliste tus objetivos deportivos te preguntas qué es lo que sigue. Y es difícil encontrar la motivación en el propio objetivo, cuando la curva de deserción de estas cosas aumenta es cuando ya cumpliste tus objetivos, entonces cuando el objetivo lo ponés en el disfrute, eso sí es sostenido en el tiempo porque si lo que te gusta es disfrutar: ¿por qué dejarías de hacerlo, por qué elegirías otra cosa contra esto? Ahora, para disfrutar, el nivel de presión sobre uno mismo debe disminuir, igual que con la alimentación, al principio era muy estricto pero después fui disminuyendo mi exigencia respecto a la comida, aunque me cuido y soy consciente. Yo creo que en el sano equilibrio está el secreto.

Mi objetivo está puesto en vivir la experiencia y disfrutar la sensación de todo lo que me pasa.

Te gustan los desafíos.

Me gustan y tengo un trabajo que me obliga a tomar decisiones todo el tiempo. Eso es como una gimnasia también, cuando uno está acostumbrado a tomar decisiones, atrás de lo que uno llama una decisión hay una negociación que se ejercita y que es la  evaluación del riesgo de las diferentes variables, análisis de las mismas, impacto posible cada una de ellas, positivos o negativos, y que cuando uno está acostumbrado a hacerlo, va teniendo más porcentaje de certeza respecto a la decisión que toma, y va perdiéndole el miedo a eso, a tomar decisiones. Parte de lo del entrenamiento y de encarar estos desafíos tiene que ver con tomar las riendas y las decisiones de lo que querés para tu vida. Para mí hoy ser Ironman, lo tengo tatuado, implica proponerse algo que uno cree imposible y volverlo posible. Y eso conceptualmente aplica al deporte, al trabajo, a lo que sea. Se entrena la tolerancia al miedo a la frustración, no es lo que te duele cuando lo haces, es lo que te dolería no haberlo hecho.

¿El futuro?

Una vez que uno se propone un objetivo y lo logra, corre su límite, el límite que uno creía que tenía, lo desafía, lo supera, y eso se vuelve de alguna manera compulsivo. Por ejemplo, el cansancio cuando llegas de un Ironman es el cansancio más lindo que podés tener en tu vida, porque es directamente proporcional: la satisfacción emocional es tan fuerte como el dolor físico. Pero el dolor físico se va y la satisfacción emocional no. Entonces uno siempre gana. Es como cuando uno llega de la maratón y dice nunca más corro, y al otro día te anotás en la siguiente. Más allá del deporte lo que te deja es: te ponés un objetivo, lo cumplís y eso te genera más ganas de seguir superándote.

Sos Fuerza · 2017