“El partido está ganado antes de salir a la cancha”

31/10/2017 0

Ramiro Vega, el Segunda Línea del equipo de rugby de GEBA (Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires) jugó su último partido en el club al que llevó al ascenso en 2014. Capitán durante 3 años de la formación de Palermo, continuará estimulando a grandes y chicos para hacer del sentido de pertenencia una fuerza creadora y con potencia para los grandes desafíos.

Al empezar la adolescencia comenzó a buscar una actividad de fin de semana. Evitó las opciones tradicionales, pasó por el basket y el ping pong sin demasiado entusiasmo, hasta que con un compañero del colegio al que iba en el barrio porteño de Belgrano, se acercó al vecino Club Obras Sanitarias. “Estaba en segundo año, probamos el rugby y me encantó”, dijo, decretando lo que sería la gran pasión de sus próximos años. Y así fue hasta los 18 cuando se cambió a GEBA, el club de sus amores.

Un hito en su historia deportiva fue en 2004, cuando se rompió la rodilla y tuvo que operarse los ligamentos cruzados anteriores y meñiscos. Eso le impuso un cambio radical a su forma de entrenar y dedicarse al rugby. “Costó la rehabilitación pero la hice con esfuerzo. La parte física fue muy dura pero más difícil fue la anímica.” Luego hubo otras operaciones pero para las que ya contaba con este antecedente de superación.

“A partir de entonces empecé a dedicarle mucho tiempo al gimnasio y nunca dejé de entrenar duro. Eso hizo que me comprometiera mucho más, aunque yo suelo tomar muchas responsabilidades porque me gusta. Empecé a colaborar con el club, en los terceros tiempos, en todo lo organizativo, y además tengo la costumbre de no faltar, no falto nunca, ni al entrenamiento, ni al trabajo. No es una opción para mí.”

¿Cuál es el secreto de ese éxito?

Asumir siempre el compromiso y tener una mente positiva, ganadora y de esfuerzo. Meterle garra todo el tiempo, soy bastante obse con eso de hacer y exigir a todos que vengan, entrenen y, por supuesto, que no falten. La idea de llevar el equipo adelante me encanta. Me siento a gusto en la función del liderazgo.”

Esa mentalidad “obse” y de logro puro, es la que cada día lo lleva a salir de su casa a las 6 de la mañana, para conducir 50km ida y lo mismo de vuelta, a Moreno (Zona Oeste del conurbano bonaerense) donde trabaja distribuyendo carne de cerdo.

Cualquier imagen de Rocky Balboa entrenando entre reses es pura coincidencia, por si llegara a cruzarse por la mente o retina del lector.

¿Y cómo se conjuga la vida personal, el trabajo y el deporte?

Es difícil pero no imposible. Terminar el entrenamiento con el equipo a las once de la noche, mojado, golpeado, dolorido, y después de eso llegar a casa, bañarte, comer y no dormirte antes de la 1, puede parecer una pesadilla para algunos. Pero hacer todo pensando en un objetivo es lo que al final brinda sus frutos. Crea una conducta y un hábito que se traslada a todos los aspectos de la vida. Es una cuestión de actitud, por lo general, si te va bien en el deporte también serás responsable en el trabajo, me parece que las dos cosas van de la mano. El que no te va a fallar en el equipo, no te va a fallar en la vida. La gente hace deportes como es como persona.

¿Por qué elegiste el rugby?

Porque el rugby es un deporte muy mental y ese es uno de mis fuertes. Es un deporte de equipo que inculca muy buenos valores. Es un deporte de formación, porque forma personas y genera vínculos afectivos muy fuertes. Los jugadores de rugby siempre son muy amigos de sus compañeros de equipo. Desde chicos se genera esta mística. Hay una disciplina extrema, mucha exigencia física, con una estructura verticalista en la que se respetan los lugares y el motivo por el que hasta ahí llegaron. Por lo tanto el capitán en un equipo de rugby manda y es respetado, a diferencia de otros deportes en los que la jerarquía no se tiene en cuenta.

Es verdad esa frase que dice “la cabeza es el músculo más fuerte”. Cuando las piernas no pueden más, cuando los brazos no pueden más, ahí jugás con el corazón.

¿Tenés el umbral de dolor más alto que el resto de los humanos?

A la hora de la lesión me duele como a cualquier otro, pero es una variable y una de las reglas del juego. Es decir, que puede llegar a ocurrir. Y cuenta que “hace un año cuando terminó la temporada de rugby, empecé a hacer crossfit, me enganché un montón y empecé a ir todos los días. La mentalidad de rugby sirve mucho para hacer crossfit. Porque hay un momento en el que el cuerpo se cansa terriblemente. Y si el cuerpo te avisa que no tenés que seguir haciendo algo, por lo general la cabeza te dice que no lo hagas más pero, si vos ya estás acostumbrado a hacer un deporte como rugby, lo hacés igual, aunque sientas que no podés más”. “A mí no me molesta que me duela algo pero esto es así para mí por la vida deportista que elegí llevar. A una persona que prioriza sus excusas por sobre sus objetivos no puedo hablarle porque no me va a entender.”

¿Y de dónde sacás la fuerza?

De la cabeza, la cabeza lleva al cuerpo. Es verdad esa frase que dice “la cabeza es el músculo más fuerte”. Cuando las piernas no pueden más, cuando los brazos no pueden más, ahí jugás con el corazón.

¿Qué se siente antes de entrar a la cancha?

El partido está ganado antes de salir a la cancha. Cuando salís y le mirás los ojos a tus compañeros ya sabés si ganás o perdés. El resto es un trámite. Pero ahí se definió el 90% del partido. Eso es lo que pasa muchas veces. Ahí te das cuenta quién tiene más ganas de ganar. Y el que tiene más ganas de ganar, el 90% de las veces gana.

¿Qué es el entrenamiento invisible?

Es ver qué hago además de entrenar en el día, si me ocupo de dormir bien a la noche, si me quedo mirando el celular o la tele, o elijo apagarlos para poder descansar y rendir bien al día siguiente. Cuidar mi alimentación y no tentarme en cualquier situación social porque voy a estar pesado y no voy a rendir tanto en el partido. Es cada pequeña cosa que se hace, como por ejemplo, calcular las horas de las ingestas y qué vas a comer, en función del entrenamiento. Acomodar el rendimiento a todo lo que haga, pensando en eso que quiero todo el tiempo. Y sirve. Porque rendirse no es una opción y si pensás así tenés la mitad del trabajo resuelto. Depende cuánto quieras algo si vas o no a lograrlo.

Sos Fuerza · 2017